MARUJA SORNOSA - EURODIPUTADA SOCIALISTA
Inmersos en el actual ritmo de vida industrial, hemos acabado, de forma sistemática, con numerosas especies, bien a través de la modificación radical de sus hábitats, bien a través del exterminio masivo y directo de sus miembros. Con todo ello, hemos conseguido ver mermadas de manera drástica nuestras llamadas reservas naturales y biológicas. Actualmente, y según ha alertado la ONU, existen 76.000 especies en peligro de extinción, de las que 16.000 son animales y 60.000 plantas. En España, de sobra son conocidos los peligros que se ciernen sobre determinadas especies, como el lince ibérico o el águila imperial, por citar sólo dos ejemplos. En definitiva, los datos son lo suficientemente alarmantes como para que la preservación de la diversidad biológica sea una de nuestras principales preocupaciones.
En este difícil y apasionante reto de preservar la biodiversidad se encuentra la comunidad internacional y, como agente destacado en ella, la Unión Europea.
Compromisos internacionales
El pasado mes de marzo se celebró en Curitiba (Brasil) la 8.ª Conferencia de las Partes en el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Catorce años después de que 188 países firmaran este convenio, desde las partes más activas del mismo -entre las que se encuentra la Unión Europa- se sigue trabajando con el fin de obtener unos resultados más alentadores que los conseguidos hasta ahora. El voluntarismo y las buenas intenciones deben convertirse en obligaciones, en compromisos reales.
En la 8.ª Conferencia de las Partes se ha hecho todo lo posible por avanzar en concreciones, y prueba de ello son compromisos como el de que en los próximos cuatro años, es decir, en el 2010, cada país haya preservado al menos un 10% de la diversidad biológica de sus ecosistemas terrestres. Se establece también la necesidad de crear una gestión integrada en el 2012 de redes de zonas marinas representativas.
Igualmente, se ha recordado el compromiso de negociar un régimen internacional de acceso y participación en los beneficios derivados de la utilización de los recursos genéticos. En este sentido, se ha destacado el papel que desempeñan las comunidades indígenas y locales en la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad.
En la mayor o menor consecución de estos objetivos no podemos perder de vista un aspecto primordial: los recursos financieros. Y nos referimos tanto al sector público como al privado. En el primer caso, se espera con interés la cuarta remesa de aprovisionamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, a través de las cuotas que aportan los Estados. En cuanto al sector privado, se ha destacado la necesidad de hacer más partícipe al mundo empresarial en el Convenio sobre la Biodiversidad, pues no hay que olvidar que las empresas juegan un papel importante en la gestión y distribución de los recursos.
Con todo lo anterior, podríamos apuntar que el futuro de la biodiversidad -al menos las tendencias para décadas venideras- se dibujará en los próximos cuatro o cinco años. Es más, se está dibujando ya en la actualidad.
La Unión Europea es consciente del reto que supone el momento presente en la preservación de la diversidad biológica terrestre y marina. Por eso hace hincapié en que el compromiso de los gestores públicos así como el de la comunidad científica, sean al máximo nivel. Hay que concienciar a la opinión pública y a los gobiernos de los países de la obligación de preservar y proteger nuestra biodiversidad.
Allí está de dónde venimos pero también quiénes somos y qué es lo que podemos esperar del futuro. En principio, no parece poco.