Intervención en el debate del Informe Ferrer (A5-/) sobre complementariedad de las políticas de la Comunidad y de los Estados miembros Comunicación de la Comisión al Consejo y al Parlamento Europeo sobre la complementariedad de las políticas de la Comunidad y de los Estados Miembros en el ámbito de la cooperación al desarrollo (COM(1999) 218 - C5-0179/1999 - 1999/2156(COS)] Comisión de Desarrollo y Cooperación) Pleno del Parlamento Europeo, Bruselas, 20 de septiembre de 2000

El buen informe que hoy nos presenta mi compatriota la Señora Ferrer responde a la vez a un problema contrastado en numerosas ocasiones, y a la necesidad urgente de resolverlo y de abrir nuevas perspectivas en las relaciones de la Europa unida con el Tercer Mundo.

El problema a que me refiero es el que representa la notable falta de sintonía y de coordinación en la política y en la acción que en materia de Cooperación para el Desarrollo se han venido dando, por una parte entre la Unión Europea y sus Estados miembros, y por la otra entre unos y otros de esos mismos Estados.

Lo que se ha descrito y se ha denunciado por muchas voces autorizadas, y en particular por organizaciones que desarrollan su labor en ese ámbito, pero también por nuestro propio Parlamento, es que a lo largo de los años los distintos Estados miembros han venido actuando en el terreno de la Cooperación, cada uno por su lado, respondiendo a menudo, además, a visiones y aún a intereses nacionales propios - unas veces más confesables y otras menos - pero, en todo caso, sin que exista un esfuerzo significativo, ni siquiera de información mutua, y menos aún de coordinación, de coherencia, de distribución de papeles: un esfuerzo en suma de racionalización y de eficacia para que los recursos disponibles, siempre limitados no se desperdicien, sino que produzcan el mejor resultado posible.

Tampoco, por lo demás, se ha producido, hasta muy recientemente, el esfuerzo que se requería para que la política comunitaria en este ámbito estuviera razonablemente coordinada con la que a su vez venían realizando cada uno de los quince Estados miembros. Aunque ciertamente la cosa no fuera exclusiva del terreno que nos ocupa, era bastante lamentable el ver como aquí se ponían en marcha actuaciones comunitarias que no tenían en cuenta, a veces que no tenían ni siquiera el conocimiento de lo que cada uno de los Estados de la Unión estaban realizando o preparados para realizar en cada uno de los países o sectores correspondientes.

El resultado era, y en gran medida es hasta la fecha, la dispersión de actividades, el solapamiento de muchas de ellas, cuando no la duplicación e incluso la contradicción de lo que hacíamos unos y de los que hacíamos otros. Un disparate, pues, y un desastre.

Esta situación era naturalmente insostenible, un problema más a resolver. Pero la necesidad de que así sea se ha hecho aún más patente y más urgente cuando el propio proceso de construcción europea, las reformas y el progreso de la Unión, van marcando como imprescindible el actuar en la escena internacional con una sola voz, como un solo país; cuando aparece como prioridad insoslayable para la viabilidad de nuestro proyecto mismo, la puesta en marcha de una Política Exterior y de Seguridad Común.

En nuestra opinión, lo que podamos hacer desde Europa en materia de cooperación al desarrollo no es sino parte - una parte sustancial - de esa Política Exterior y Seguridad Común.

Así lo pone de manifiesto la Señora Ferrer, en la cabecera de cuyo Informe se destaca ya el concepto clave que es el de la complementariedad. Naturalmente que no es esta la primera ocasión en que hablamos de esta cuestión en el Parlamento. Las disfunciones que habíamos venido apreciando eran demasiado flagrantes como para no haber sido puestas en evidencia ya en debates anteriores. Ahora, sin embargo, ajustándonos a una realidad que a mí me parece particularmente apremiante, pero también particularmente favorable, damos un paso importante hacia adelante, y lo hacemos precisamente en momentos en que tanto la Comisión como el Consejo parecen convencidos de que hay que adoptar medidas concretas para dejar atrás la situación anterior y hacer realidad la coherencia que permitirá que los recursos que Europa destina a la Cooperación al Desarrollo sean más importantes, cualitativa y cuantitativamente hablando. Además con ello conseguiremos que Europa pese más, juegue un papel bastante más decisivo en el reto que tanto nos concierne de ir articulando un mundo más justo, más equilibrado y por ello más estable.

Si complementariedad, cohesión, coherencia y coordinación son conceptos esenciales en esta cuestión, y también en el informe de la Señora Ferrer, nosotros vemos, por encima de ellos, otro, que es el de la solidaridad. Una solidaridad que sin duda existe en el corazón de nuestras sociedades, de nuestras opiniones públicas, de nuestras juventud sobre todo, pero que a menudo sufre y retrocede por el desaliento que produce la falta de eficacia a la hora de utilizar los medios disponibles sobre el terreno.

Lo que viene a comprobar la Señora Ferrer es que se ha producido un cierto progreso, pero también que ese progreso es radicalmente insuficiente. Y lo que añade es la exigencia de proclamar de una vez para todas la complementariedad y la coherencia en este terreno, como una prioridad, casi como una seña de identidad de nuestra propia Unión. También concluye que todo esto no puede quedarse en palabras y en buenas intenciones, y que hay que adecuar los recursos a la política que nos demos y a la importancia que se conceda a esa política.

La nueva estructura de la Comisión, con una Dirección General específicamente dedicada a la Cooperación al Desarrollo, debería proporcionar el instrumento necesario para articular la complementariedad que preconizamos, y los antecedentes y el rigor del Comisario Nielson en su actuación constituyen una buena garantía en este sentido.

Por otra parte, la Presidencia Portuguesa dedicó un esfuerzo significativo a la política de la Unión en materia de Cooperación al Desarrollo. Durante su semestre, y como en el actual de la Presidencia Francesa, se celebraron la Cumbre euroafricana de El Cairo y se tiene previsto relanzar el Proceso Euromediterráneo de Barcelona, con al Conferencia de Marsella. Además en este periodo se consiguió aprobar el gran acuerdo marco con los países ACP, cada vez más numerosos y que se conoce ya como el Tratado de Cotonú. Todo ello es motivo de esperanza y la Resolución, acaso mejorada con algunas enmiendas, que nos propone la colega Concepción Ferrer, debiera proporcionarnos un elemento más para seguir avanzando. Será preciso, eso sí, desde el Parlamento, como en nuestros respectivos países, seguir presionando para encauzar por fin, como se indica en el informe que estamos tratando, el proceso de la complementariedad europea en materia de Cooperación al Desarrollo.

En eso estaremos, desde luego, quienes integramos el Grupo Socialista de esta Cámara.