INTERVENCION EN EL DEBATE TRAS LAS DECLARACIONES DEL CONSEJO Y DE LA COMISIÓN SOBRE LA SITUACIÓN EN ORIENTE MEDIO. PLENO DEL PARLAMENTO EUROPEO. BRUSELAS, 31 DE ENERO DE 2001.

 

En este largo proceso de paz en Oriente Medio, nos sentimos como en una especie de montaña rusa. Una y otra vez, despacio y penosamente, vamos subiendo una pendiente y cuando parece que estamos a punto de tocar el cielo, nos desplomamos vertiginosamente hasta el nivel cero. Es eso, y es también un poco el mito de Sísifo: un sube y baja infernal y sin fin, que amenaza con desgastar las fuerzas y hasta la esperanza de casi todos.

En los momentos actuales, a pesar de algunas palabras optimistas escuchadas, uno tiene la impresión de estar de nuevo en uno de los puntos más bajos de la curva, con el proceso de Oslo renegado por muchos, con la confrontación sobre el terreno en un callejón sin salida y con unas elecciones en Israel que ofrecen perspectivas particularmente poco favorable para la paz.

Sin embargo es en estos momentos cuando hay que recargar las pilas de nuestra confianza y redoblar nuestros esfuerzos. Hoy por hoy, todo ello debe concretarse en dos afirmaciones: Una, que no podemos perder de vista nuestro objetivo irrenunciable que es la paz en la región, a establecer y consolidar sobre la aceptación por todos de las normas del derecho internacional y las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Y otra, que Europa debe asumir de una vez, en la solución de este conflicto una responsabilidad acorde con nuestro peso, con nuestros valores y con nuestros intereses. No es digno ni coherente el seguir renunciando a un protagonismo que debería correspondernos limitándonos a ser, no interlocutores, sino meros comparsas de lo que hagan o dejen de hacer los Estados Unidos. Desgraciadamente seguimos demasiado en la vieja dinámica del "paying but not playing". La actuación del Embajador Moratinos es magnífica, pero para ser eficaz necesitaría de una influencia política detrás, que desgraciadamente no se da. Creo que no debe demorarse más el que la Unión juegue un papel protagonista, que además no basta con ser proclamado, sino que debe ser definido de forma precisa y llenado de contenido con compromisos firmes en términos políticos y económicos.