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"Entonces le
grité: ¡Una vida en la que pudiera recordar ésta!" Albert Camus,
L'Etranger

Quizá por ser hijo de emigrantes y
por haber vivido en carne propia lo duro que resulta, en ocasiones, vivir como
un intruso en un país que no es el tuyo, cuyas gentes no siempre te aceptan, y
donde, pese a todo, has de salir adelante, quizá por haber sentido esa extrañeza
existencial que produce el que tus propios compatriotas te consideren
extranjero, mi socialismo es un socialismo profundamente europeísta e
internacionalista que milita contra la que creo la principal amenaza de nuestro
tiempo: la sociedad del miedo. El miedo al otro, al diferente, al extranjero.
Lo paradójico es que ser diferente
es duro, pero también enriquecedor. Porque se atesora una experiencia que sirve,
a través de la convivencia y el conocimiento, de antídoto contra el
rechazo a lo distinto. Porque lo que une a los ciudadanos son los valores que
comparten y no sus orígenes. Porque Europa ayer era emigrante y hoy es
inmigrante. Porque lograr la integración de los ciudadanos de otros países es
sin duda el principal reto que enfrenta Europa. Porque exige reconocer derechos,
practicar la tolerancia, ser solidario y apoyar el desarrollo de todos los
pueblos.
Por eso, ahora que disfruto de una emigración "dorada", en
realidad llamada expatriación, y que tengo la oportunidad de representar a los
ciudadanos en el Parlamento Europeo, mi compromiso fundamental es ayudar a todos
los que han tenido que dejar su país y no han tenido mi misma suerte.
Porque todos somos, de alguna manera, emigrantes e
inmigrantes.
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