El proyecto de construcción europea es una historia de éxito. Ha hecho transitar a nuestro continente desde la guerra a la paz. Ha consolidado el área democrática y de ejercicio de las libertades más amplia del mundo. Ha ido creciendo como espacio político al que hoy pertenecen 27 países y al que aspiran a integrarse otros más. La combinación de bienestar, modelo social, pluralismo, dinamismo cultural y solidaridad es única en la realidad contemporánea.
La historia nos demuestra que nuestro proyecto siempre ha ido adelante, siempre ha avanzado en la misma dirección, pero también ha sufrido parones y periodos de débil impulso. Ahora arriesgamos atravesar uno de esos periodos. La intensidad y duración de la crisis económica, el marasmo financiero, los ataques a nuestro modelo social, el freno a las reformas institucionales, el crecimiento del euroescepticismo, la emergencia de fuerzas políticas extremistas, proyectan temores sobre nuestro futuro.
Como parlamentario me propongo trabajar para retomar el impulso europeísta; para apoyar los instrumentos que aseguren innovación, formación, modelo económico sostenible; para asegurar un potente contenido social; para que seamos ejemplo de compromiso en la lucha contra el cambio climático; para que incrementemos nuestra solidaridad frente a la pobreza, el hambre y la exclusión en el mundo; para hacer avanzar la igualdad.
En definitiva, para contribuir a hacer cada vez más real la esencia fundamental del auténtico proyecto europeo.
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