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Galicia, España y Europa son dimensiones de una misma realidad. El Camino
de Santiago es la ruta milenaria que ha permitido a los europeos compartir un
alma y un arte común. Fueron los peregrinos los que en su marcha hacia el "finis
terrae" dieron en llamar "españoles" a sus huéspedes al sur de los Pirineos y
acuñaron así un gentilicio acogedor.
La Unión Europea es un proyecto
referencial y necesario para el siglo XXI. La experiencia europea demuestra
nuevamente que es posible unir lo diverso, que pueblos vecinos - que han vivido
muchos años de espaldas e incluso enfrentados entre sí- construyan juntos un
futuro común en paz y en libertad. Es también la edificación de una nueva
"polis", un nuevo ámbito de ciudadanía -junto a la local, regional o estatal-
para avanzar en la democracia y el progreso global.
Desde la integración
española en 1986, Europa ha sido un factor muy positivo para nuestra evolución y
debe seguir siéndolo durante los próximos años. España debe recuperar un papel
central en el impulso de la tarea común. Se trata de que la Unión Europea tenga
la fuerza, la voluntad y la iniciativa necesaria para ampliarse, profundizar en
su construcción y ser un actor relevante en la promoción de un nuevo orden
internacional basado en la paz y la democracia, el desarrollo humano sostenible
y la justicia.
Ese es mi
compromiso y el de los demás parlamentarios socialistas.
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