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En el verano de 1970 estuve aquí, en
Bruselas, trabajando en una fábrica de papel. La experiencia fue difícil, y el
trato recibido muy duro: los españoles, salvo las honrosas excepciones de
siempre, sufríamos prejuicios xenófobos similares a los que hoy padecen los
inmigrantes en España.
Había, también, muchos emigrados políticos y una gran
conciencia política y sindical en la Colonia, lo que me ayudó a comprender mejor
el drama de mi país y las razones del foso que nos separaba de Europa.
Hoy soy eurodiputado en esta
ciudad. En igualdad de condiciones que mis otros colegas de los Quince. Me
acuerdo cada día del camino recorrido. Sé muy bien los esfuerzos y los
sacrificios que ha costado, y quienes fueron los que hicieron posible este
momento. Por eso cada día dedico un momento a pensar en mi responsabilidad como
Diputado y reafirmo mi disposición a ser útil a mis electores y para mi país, en
todo lo que esté en mi mano.
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