El reciente acuerdo alcanzado entre la UE y China sobre el conflicto del textil supone una solución a medias que, si bien desbloquea toneladas de productos de confección chinos retenidas en las aduanas de diversos puertos europeos, no puede ser satisfactoria ni suficiente. Porque la problemática del sector textil europeo frente a la apertura de los mercados es mucho más compleja y diversificada y requiere abordar reformas estructurales de mucho más calado con una política ambiciosa de inversiones a corto, medio y largo plazo. La industria del textil y de la confección europea emplea en la actualidad a más de dos millones y medio de trabajadores y trabajadoras en la UE (más de 240.000 en España). Es un sector caracterizado por su concentración regional y por el hecho de que el 95% son pequeñas y medianas empresas. Por ello, no es extraño que desde mediados del verano estuviese de rigurosa actualidad la polémica generada por el bloqueo de 75 millones de prendas (básicamente jerséis, pantalones y sujetadores) procedentes de China en los puertos europeos. El origen de la situación se encuentra en la entrada en vigor de los compromisos adoptados en la Organización Mundial de Comercio en 1995. Los firmantes de este acuerdo se comprometieron a liberalizar el comercio textil y de la confección a partir del 1 de enero de 2005, suprimiendo el sistema de cuotas vigente hasta entonces. En este acuerdo también previeron la posibilidad de adoptar medidas excepcionales de salvaguarda hasta 2008 en caso de que se produjera una alteración importante de los mercados que pudiera afectar gravemente a las industrias nacionales. La apertura total del comercio textil provocó una avalancha de productos chinos en las fronteras europeas que se detectó durante el primer semestre de este año. El incremento de algunos productos alcanzó el 500 %. Tras las protestas de patronal y sindicatos, que advirtieron de las consecuencias de esta avalancha en términos de empleo, la Comisión Europea decidió limitar las importaciones chinas. Sin embargo, tuvo mucho cuidado de que la situación no acabara derivando en una guerra comercial que deteriorara unas relaciones políticas y comerciales en las que Europa tiene mucho interés. China es motivo de preocupación pero, al mismo tiempo, es un mercado de mil trescientos millones de personas que ofrece crecientes oportunidades. El 13 de junio de este año, se llegó a un acuerdo por el que China aceptaba limitar hasta 2007, la entrada de diez productos considerados clave (camisetas, pantalones, blusas, sujetadores, jerséis…) de un total de 163 categorías de productos. Pero desde el momento en que se anunció la posibilidad de acordar estas limitaciones y aprovechando el tiempo necesario para llegar a concretar el acuerdo, muchos importadores europeos demandaron y acumularon gran cantidad de mercancía. No estamos, por tanto ante un problema que podamos atribuir únicamente a China. Ante los hechos consumados y el importante problema creado, parecía inevitable llegar a otro entendimiento que permitiera superar una situación que no beneficiaba a nadie. Para desbloquear los millones de productos textiles chinos acumulados en los puertos europeos, la Comisión y las autoridades chinas llegaron el pasado día 5 de septiembre, a un nuevo acuerdo. Los términos más significativos del pacto suponen liberar los productos textiles retenidos en las aduanas y deducir de los contingentes de 2006 la mitad de las cantidades que superen las cuotas establecidas en junio. Sin embargo, es evidente que los intereses de los distribuidores han primado sobre los de la industria textil europea y que se ha ofrecido una imagen de falta de rigor y seriedad. La solución adoptada ha causado lógica indignación tanto a los empresarios como a los sindicatos de la industria textil. En todo caso, habrá que estar muy atentos a la evolución de los próximos meses. La Comisión Europea ha asegurado que vigilará muy de cerca la evolución de las importaciones para garantizar una gestión seria de los acuerdos y ha anunciado la creación de un comité mixto para el seguimiento del maltrecho pacto de junio. La industria textil ha realizado en los últimos años importantes esfuerzos inversores en I+D, diseño y equipos. También ha luchado por incrementar su presencia exterior con el fin de estar a la altura de las exigencias de un mercado en el que la competencia es muy agresiva y ya no tiene fronteras. Pero para afrontar el futuro con garantías ha de continuar con su reestructuración y para ello, necesita un escenario claro, una liberalización progresiva y sin sobresaltos y disponer de todo el tiempo que permiten los mecanismos acordados en 1995 para seguir adaptándose, es decir hasta 2008. Nadie está planteando la vuelta a un proteccionismo que pasó a la historia. Lo que se reclama es competir con una s reglas de juego iguales para todos, es decir, transparencia en los mercados, respeto a los acuerdos y exigencia de unos mínimos en los aspectos sociales y medioambientales. Pero las principales medidas para garantizar el empleo en el sector textil y de la confección están en el ámbito de una moderna política industrial. Para ello, deberemos intensificar y acelerar los esfuerzos para reestructurar las empresas facilitando su desarrollo en el nuevo entorno y paliando, al mismo tiempo, los efectos sociales y los impactos regionales que, a corto plazo, se derivaran de este proceso.