Los accidentes aéreos de este verano han reavivado la preocupación de los ciudadanos sobre la situación de las compañías aéreas, reabriendo el debate sobre la seguridad de los aviones. Debate de actualidad, dado además el crecimiento exponencial del tráfico aéreo y la necesidad de establecer marcos legales, controles y límites a la globalización, para que ésta no se convierta en un proceso de inseguridad creciente y de miedo, de verdades a medias y de guerras comerciales y de bandera en medio de una gran opacidad. Tenemos que ser capaces de asegurar y garantizar los logros que se han alcanzado hasta el momento y que los ciudadanos han vivido como una gran conquista: la seguridad del transporte aéreo (con resultados excepcionales en los años 2003 y 2004) y la popularización y democratización del mismo. Por todo ello, una de las medidas necesarias y urgentes que es preciso abordar para impedir la erosión de la fiabilidad de las compañias aéreas es el establecimiento de un lista negra tal y como ha propuesto la Comisión Europea y que el Parlament Europeo se ha apresurado a estudiar con el máximo interés. Para que esta lista sea realmente eficaz tanto para la seguridad -de modo que se renueve la confianza de los ciudadanos- como para evitar usos espúreos, deberá ser establecida por la Unión Europea a partir de criterios comunes y con total transparencia y publicidad. Para su plena eficacia convendría que su aplicación se ampliase al ámbito internacional a través de la OACI (Organización Internacional de Aviación Civil). En este sentido, el éxito conseguido con la lista negra establecida tras la catástrofe del Prestige y que prohíbe los petroleros peligrosos constituye un buen precedente. Pero en la seguridad aérea hace falta más que una lista, son necesarias normas cuya aplicación quede asegurada y, además, surgen nuevos interrogantes en materia social: así, es preciso reforzar la formación de las tripulaciones (que resulta vital para evitar desgracias como fue el caso en el accidente de Toronto); ofrecer garantías a los pilotos en su papel de expertos en la seguridad; y evitar prácticas cuestionables en la inspección técnica de los aviones. Los socialistas del Parlamento Europeo nos hemos comprometido a reforzar las medidas de seguridad en el ámbito de la aviación con el fin de evitar nuevos accidentes y como deber moral hacia las víctimas.